domingo, 30 de abril de 2017

De peleas ni patadas

No tenía ganas de peleas ni patadas, me duele el ciático. Una nena albina con torso de jaula de mármol rosa toca el timbre de mi casa y entra por el proscenio eléctrico sin pedir permiso. ¿Tiene algún pajarito para dar? Excusa. La echo a patadas en el culo. Demasiado tarde. Ya me llenó de abanicos chinos la cocina. . En el forcejeo me arranca las pestañas postizas. No tenía ganas de peleas ni patadas, me duele el ciático. Tuve que juntar todos los abanicos igual. FUE UNA DESGRACIA CON SUERTE me grita la vieja de enfrente. Claro, ayer con el pretexto de querer coger con la luna derribé el techo de mi casa a martillazos. Ahora sus abanicos son mi techo. Y yo espero cazar algún pajarito porque no quiero que se conforme con un murciélago rabioso. 
Para poder darle gracias la próxima vez que toque el timbre.

viernes, 28 de abril de 2017

2 0 0 1

Este texto lo escribo de chica, y se llama 2001.
2001
Olas de cacerolas a las que les digo hola.
Si perdés los bonos mamá se enoja
Quiero tener ese guardador de monedas que tienen los taxistas.
No le puedo elegir el nombre a mi hermano porque Mueblecito no es nombre de varón.
El Varón tiene pito el Barón tiene título
Olas de cacerolas a las que les digo hola
La bicicleta sin rueditas tal vez para la próxima vida aprenda
La cursiva es difícil
Olas de cacerolas a las que les digo hola
Dos
Cero Cero
Uno
2001

Dorado

Perdí uno de mis libros preferidos en una plaza. Ni siquiera una plaza mía, una plaza de la que desconozco el nombre. 
Me da rabia.
Me da rabia pensar que un lumpen que no entiende nada, que un desconocido esté leyendo mi libro. 
Estaba con alguien que quería y me olvidé del tiempo y de mi libro.
 Me da bronca que una desconocida lo pueda estar leyendo, que pueda estar viendo mi señalador de papel doblado. 
Me da bronca pensar que tal vez alguna vez yo, sea el libro que se olvide en esa plaza.
 Me da bronca que la persona con la que estaba tal vez algún día me deje en esa plaza como yo dejé el libro.



No todo es desde el amor y el respeto.


Mentalmente le apodé “Diarreita”. Le apodé Diarreita porque me cae mal. Me cae mal porque siempre que le habla al sexo opuesto puedo ver como se llena la boca de saliva, saliva que no le oxida los brackets. Diarreita cree que es un ser muy atractivo. Diarreita tiene pezones rosa viejo, lo sé porque me los mostró más de una vez. Mirá que lindos que son. Detesto a Diarreita. Diarreita cree que canta bien y que tiene los chakras ordenados. A Diarreita la gente le tiene mil de afecto. Le salen las cosas bien porque vivimos en el planeta de las escafandras. Diarreita cita a Cortazar para sostener que lee, sus faltas de ortografía delatan lo contrario. Diarreita es torpe. Al mundo lo mira como Boy scout de 7 dedos pero a los hombres los mira como Nena perversona con bombacha de encaje rojo tiro bajo que deja asomarse sus rollos curiosos. A Diarreita le encantaría ser yo y me da miedo ser objeto de deseo de alguien así.
Si hace un chiste bueno no se lo festejo. Si trae una torta por su cumpleaños no le canto el feliz cumpleaños.
Fantaseo una vez al día con hacerle daño. Destapa en mí, creatividad oscura. A veces le apunto con un rayo laser en los ojos para entorpecerle la vista de mandril. Una vez le sopapeé los intestinos. He escupido. Insultado. Hice pancho su asqueroso perro salchicha de tres patas. Escribí su número de celular en un baño de Consti. Genkidama. Fatality. Leche vencida. Le puse bolsas en las patas a su gatito. Le escondí el desodorante un día que tenía una cita. Le cambié el señalador del libro que igualmente no estaba leyendo. Cambié todas las fotos de su casa por una de Beatriz Sarlo.
Soy todas las maldades que solo guardo en mi cabeza.
No hacerlas me hace una excelente persona, sí señor.